«Si te sientes deprimido, un breve paseo por la naturaleza cada día me hace sentir mucho mejor», dice George Wainwright.
Desde el confinamiento por la Covid-19 en 2020, George y sus amigos del colegio, Elliott Everett y Jacob Dougan, se reúnen una vez a la semana para salir a disfrutar de la naturaleza.
Según George, estos paseos son una oportunidad para escapar del ajetreo de la vida moderna y ofrecen un espacio para hablar de todo, incluida la salud mental.
Elliott añade: «En algunos de mis momentos difíciles, pienso: ‘Ahora mismo es duro, pero puedo dar un buen paseo con los chicos, pasar el rato y charlar sobre la vida'».
Ahora, estos jóvenes, todos de 18 años y originarios de Wakefield, están canalizando su amor por la naturaleza para recorrer el sendero nacional más reciente de Inglaterra, el Coast to Coast.
A partir de este domingo, esperan completar el sendero de 305,7 km (190 millas) en 12 días, recaudando fondos para el Fondo Mundial para la Naturaleza (WWF).
La ruta comienza en St Bees, en Cumbria, y recorre tres parques nacionales, finalizando en Robin Hood’s Bay, en North Yorkshire.
El trío planea recorrer unos 27,3 kilómetros (17 millas) al día, con «un día terrible de 40 kilómetros», bromea George, aunque «todos han hecho cosas peores».
Este es el tercer año que afrontan un reto de larga distancia, tras haber caminado 72 millas (115,8 km) desde Stanley hasta Filey y 100 millas (160,9 km) hasta el norte de Gales.
Anteriormente, han recaudado fondos para WWF y Andy’s Man Club, dos causas que les apasionan.
«Significa muchísimo para nosotros», dice Elliott.
«Somos muy conscientes de los problemas medioambientales y siempre estamos pensando en maneras de combatirlos.»
Jacob dice sentirse «bastante optimista» ante el último reto.
«Desde que tuve la oportunidad de estudiar cuidado animal en la universidad y, con suerte, biología marina, he podido ver lo importante que es la naturaleza para nosotros y el gran impacto que puede tener el WWF», explica.
«Es importante seguir realizando estos retos para concienciar a la gente.»

A pesar de su entusiasmo y experiencia, «todos tienen días difíciles» durante las caminatas, dice George.
«Sin duda, nos animamos mutuamente durante la caminata; cada uno tiene sus propias fortalezas y debilidades», afirma.
«Uno de los días tuve migraña, algo que padezco con mucha frecuencia. Pero conseguimos llegar al camping y los chicos me ayudaron.»
Como suele ocurrir entre viejos amigos, «las bromas internas se vuelven un poco locas», admite Elliott, pero la conversación también puede girar en torno a «el mundo y nuestro lugar en él».
Sus compromisos laborales y universitarios podrían determinar si intentan un nuevo reto el año que viene, pero espera que puedan hacer más en el futuro, añade.
«Si todos trabajamos juntos y logramos esto, no veo por qué no podríamos hacer algo más grande», coincide George.
Por ahora, el trío espera con ilusión su última expedición, sin perder de vista el pronóstico del tiempo.
«Tiene un aspecto lamentable, pero aún hay tiempo para que mejore», añade Elliott.
«En caminatas tan largas como esta, lo importante es el viaje, no el destino.»