Si analizamos la situación con perspectiva, nos guste o no, todos podemos ver lo que está sucediendo con los cambios en el Newcastle. Independientemente de las declaraciones del club, es evidente que el panorama ha cambiado.
Es un club de fútbol en constante cambio, tanto en lo que respecta a los objetivos y ambiciones de sus propietarios como a su estrategia de fichajes, que parecen radicalmente diferentes a como eran hace tan solo tres años.
En aquel entonces, el cielo parecía ser el límite, y se hablaba de competir con los mejores.
Ahora, la estrategia parece ser vender a sus mejores jugadores y reemplazarlos con jóvenes promesas ambiciosas y con ganas de triunfar. Si fuera tan fácil lograrlo y seguir compitiendo en la cima, todos lo harían, pero no lo es.
El gasto del club siempre tuvo que cumplir con las normas de rentabilidad y sostenibilidad de la Premier League, pero aun así daba la sensación de que el plan era luchar por los títulos cada temporada.
Volvamos al verano de 2023, cuando el Newcastle acababa de terminar cuarto y sumó a Sandro Tonali, Harvey Barnes y Tino Livramento a una plantilla que ya contaba con Alexander Isak, Anthony Gordon y Bruno Guimaraes.
Daba la impresión de que estaban listos para competir por todo y que eran capaces de vencer a cualquiera. Eddie Howe los había convertido en un equipo terrible contra el que jugar, en el mejor sentido de la palabra.
Tres años después, gran parte de aquel equipo se ha marchado, y ahora también el entrenador, pero es el modelo en su conjunto el que se percibe más diferente.
Los objetivos han cambiado drásticamente desde donde el club dijo que quería llegar, en comparación con donde se encuentran ahora.
Cuando ganamos la Copa Carabao, esperaba que fuera solo el comienzo de algo muy especial, pero parece que muchas cosas han cambiado desde entonces.
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