Desde que la administración Trump impuso un bloqueo casi total de combustible a Cuba hace tres meses, Mauren Echevarría Peña ha estado internada en una sala del hospital especializado en maternidad y neonatología de La Habana.
Mauren, de 26 años, está esperando su primer bebé, pero su embarazo ha sido complicado.
«He tenido diabetes gestacional e hipertensión crónica», explica, sentada en una cama del hospital de maternidad Ramón González Coro.
Como su bebé varón nacerá esta semana, Mauren está comprensiblemente nerviosa.
No solo ha tenido que soportar semanas de reposo absoluto y supervisión constante, sino que ahora debe dar a luz en un país que sufre apagones intermitentes y cortes de energía que duran días.
Durante el fin de semana, se produjo otro colapso a nivel nacional de la ya deteriorada red eléctrica.

Aun así, Mauren agradece la atención que ha recibido del personal médico, que ha estado trabajando sin descanso en condiciones extremadamente difíciles.
La BBC obtuvo acceso a las instalaciones estatales cuando una coalición de movimientos de solidaridad internacional llegó a La Habana con cajas de donaciones de ayuda para el hospital de maternidad.
«Han hecho todo lo posible por mí en el hospital», dice, mientras sus médicos están en la habitación. «Me han dado los medicamentos y la insulina que necesito para la salud del bebé y la placenta».
Mauren adopta un tono desafiante, afirmando que el país siempre «encontrará la manera de seguir adelante» en una crisis, pero admite estar preocupada por la posibilidad de dar a luz durante otro apagón.
Según las estadísticas gubernamentales, actualmente hay aproximadamente 32.800 mujeres embarazadas en Cuba.
La mayoría no ha podido contar con el tipo de apoyo que Mauren ha recibido del Estado.

En su casa en un suburbio de La Habana, Indira Martínez, que tiene siete meses de embarazo, no ha podido preparar el desayuno, ni siquiera una taza de café caliente con leche, durante días.
La mañana que la visité, no había luz desde la tarde anterior. La nevera estaba vacía, la cocina eléctrica no funcionaba y el único medio para cocinar era una pequeña parrilla de carbón que había construido su marido.
«Hay que levantarse de madrugada cuando vuelve la luz para cocinar lo que haya disponible. Y a menudo no contiene las vitaminas y proteínas que necesito, y desde luego no me quita el hambre que tengo por el embarazo», explica.
Aunque es irreprimiblemente bondadosa y sonriente, es evidente que las difíciles circunstancias están minando la resistencia de Indira.
Es peluquera de profesión, no ha podido trabajar porque no puede exponerse a los productos químicos de los tintes para el cabello durante el embarazo, por lo que la familia depende de los modestos ingresos de su marido, que es herrero.
La madre de Indira, una enfermera jubilada, está preocupada por la reducción de la ingesta calórica de su hija y por sus niveles de estrés en estas últimas semanas.
Indira ya contrajo la chikungunya, una enfermedad transmitida por mosquitos, durante el primer trimestre de su embarazo, en el marco de un brote a nivel nacional en Cuba.
Aunque estaba tan débil que apenas podía caminar hasta el baño, los médicos dicen que, afortunadamente, su bebé se mantiene en buen estado de salud.
El 3 de enero, tropas de élite estadounidenses derrocaron en Caracas al aliado de Cuba, el líder venezolano Nicolás Maduro .
Desde entonces, la administración Trump ha interrumpido, en esencia, todos los envíos de petróleo crudo a Cuba.
Washington advirtió a los principales socios energéticos de la isla, en particular a México, que se les impondrían aranceles si enviaban más cargamentos de combustible a Cuba.
En cambio, México ha enviado cientos de toneladas de ayuda humanitaria, incluyendo leche en polvo destinada a mujeres embarazadas.
Indira afirma no haber visto nada de eso, ni ningún tipo de ayuda estatal adicional.
«Ninguna de las ayudas humanitarias enviadas a Cuba me ha llegado», comenta.
«Mi esposo y yo no iniciamos este embarazo de forma irresponsable. Lo hicimos sabiendo perfectamente que no podemos contar con ninguna ayuda del gobierno. ¡Somos nosotros contra el mundo!»
Lo único que pueden hacer es rezar para que todo salga bien al final, añade.