El presidente boliviano declara el estado de emergencia.

El presidente boliviano, Rodrigo Paz, ha declarado el estado de emergencia tras semanas de protestas que exigen su dimisión.

Esta medida otorgaría a Paz mayores poderes para despejar los bloqueos de carreteras levantados por los manifestantes, que han provocado una grave escasez de productos básicos y han paralizado gran parte del país.

En un comunicado, el presidente afirmó que el estado de emergencia «desbloquearía las carreteras del país» y «restablecería» la normalidad.

Según la ley, el Congreso de Bolivia debe aprobar o rechazar la medida dentro de las 72 horas siguientes a su declaración.

Los bloqueos, liderados por mineros, agricultores y grupos indígenas, forman parte de las protestas que comenzaron a finales de abril.

Varias personas han muerto y cientos han sido arrestadas durante los disturbios.

Los grupos de protesta exigen que se restablezcan los subsidios a los combustibles y que se reviertan las medidas de austeridad, además de exigir la dimisión de Paz.

El presidente ha afirmado que la crisis es un intento organizado de desestabilizar el país.

«Los bolivianos no pueden seguir siendo rehenes de bloqueos que les impiden trabajar, estudiar, recibir atención médica, abastecerse y llevar alimentos a sus hogares», dijo en una publicación en redes sociales el sábado.

El anuncio de Paz se produjo horas después de que revelara que se había llegado a un acuerdo con el principal sindicato del país, la Confederación Boliviana de Trabajadores.

Sin embargo, algunos grupos indígenas han dicho que continuarán protestando, según informó la AFP, y los bloqueos de carreteras siguen en pie.

Según informaron periodistas, el sábado se vio a personal policial y militar en las plazas principales.

Manifestantes de la EPA sostienen una bandera y un cartel junto a un bloqueo de carretera con varios vehículos.EPA
Los bloqueos de carreteras han agravado la escasez de combustible y otros suministros básicos en todo el país.

Las protestas comenzaron a finales de abril, desencadenadas por una reforma agraria propuesta por Paz. Los críticos argumentaron que las propuestas facilitarían a los grandes terratenientes la compra de pequeñas propiedades.

Desde entonces, Paz ha derogado la reforma. Pero a los agricultores se les han sumado otros grupos que expresan su descontento por otras medidas, como los recortes a los subsidios a los combustibles que llevaban mucho tiempo vigentes.

También ha habido reacciones negativas ante las propuestas de modificación de la constitución boliviana.

El presidente, un político de centroderecha elegido en octubre pasado, afirma que estas medidas son necesarias para impulsar la inversión privada en la economía. Sin embargo, los manifestantes argumentan que los cambios socavarían la supervisión de los recursos naturales y otros sectores económicos clave.

Paz ha acusado al expresidente de izquierda, Evo Morales, de orquestar las protestas, acusación que el exmandatario ha negado.

Paz ha intentado apaciguar las protestas generalizadas reorganizando su gabinete, reduciendo a la mitad su salario y el de sus ministros, y anunciando la creación de un consejo para negociar con los sectores de la sociedad que se sienten aislados bajo su gobierno.

Pero hasta ahora estas medidas no han logrado sofocar los disturbios.

El mes pasado, el Congreso aprobó un proyecto de ley que facilitaría al presidente la declaración del estado de emergencia y el despliegue de soldados para sofocar las protestas.

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