En esta concurrida planta de reciclaje, el polvo es omnipresente y el ruido constante de las tolvas y las cintas transportadoras hace que sea un entorno de trabajo difícil.
Las instalaciones en Rainham, al este de Londres, son propiedad de Sharp Group, una empresa familiar de gestión de residuos y contenedores.
Por las cintas transportadoras circula todo lo que puedas imaginar, desde zapatos hasta viejas cintas VHS y bloques de hormigón.
Este equipo procesa hasta 280.000 toneladas de material reciclado mixto cada año, con 24 trabajadores subcontratados que operan en sus cintas transportadoras de alta velocidad.
Este es un sector peligroso. Si bien Sharp Group se enorgullece de su historial de seguridad, las lesiones y enfermedades laborales en este sector son un 45 % más elevadas que en otros sectores. Además, la tasa de mortalidad es considerablemente superior al promedio nacional.
Estos factores, sumados a la naturaleza desagradable del trabajo, dificultan la retención de empleados. La rotación anual de personal ronda el 40%.
«La cinta transportadora está en constante movimiento, hay que recoger productos continuamente. Cambio de operarios con frecuencia porque no dan la talla», afirma el supervisor de línea Ken Dordoy.
La empresa rota a los operarios para que trabajen con diferentes materiales cada 20 minutos, y pude observar que la cinta transportadora se detiene periódicamente para que descansen.