El Parque de los Príncipes vuelve a ser el centro de atención tras el partido contra el Olympique de Marsella. El domingo, el PSG ganó 5-0 en la 21.ª jornada de la temporada 2025-2026 de la Ligue 1, y la afición parisina, como siempre, desplegó tifos, cánticos y pancartas para burlarse de sus oponentes. Pero el argumento del «folclore» no le sienta bien a Aurore Bergé. La Ministra Delegada para la Lucha contra la Discriminación reaccionó en Sud Radio, según declaraciones recogidas por Le Parisien.
“El deporte merece algo mejor que lemas insoportables y que duelen”.
“Debemos dejar de considerar los insultos homofóbicos, vistos por millones de potenciales espectadores y coreados en los estadios, como mero folclore”, declaró Aurore Bergé en Sud Radio. “Son insultos, y esto los trivializa. (…) El deporte merece algo mejor que eslóganes insoportables, hirientes, ofensivos y desmoralizantes para quienes luego podrían experimentarlos en la vida real”.
“Es responsabilidad de los clubes y de la Liga Profesional de Fútbol (LFP) actuar”.
Los insultos, ya sean homófobos, racistas o antisemitas, no tienen cabida en ningún sitio, afirmó el político. Para Aurore Bergé, corresponde a los clubes y a la Liga de Fútbol Profesional (LFP) actuar para evitar que esto suceda.
Es un tema delicado; no queremos herir a nadie. Digamos lo obvio: estamos en contra de toda forma de discriminación. Entendemos a los aficionados que critican las bromas tradicionales del fútbol, sin querer ofender a quienes puedan sentirse atacados. Pero la verdadera preocupación es si algunas personas se sienten realmente heridas por las palabras o ideas utilizadas en estas bromas, que pueden adoptar diversas formas.
Ahora bien, también debemos ser cautelosos ante esta lucha que algunos libran en nombre de los posibles afectados, cuando estas mismas personas no ven el daño que los políticos y otros intentan destapar. Es complejo; el asunto merece mucho más que unas cuantas sanciones ocasionales o unos pocos días de pronunciamientos públicos sobre el fútbol que solo sirven para ocultar la causa subyacente.
Deberíamos reprimir en todos los estadios todos los cánticos que puedan considerarse discriminatorios. O bien, necesitamos una reflexión genuina y un diálogo profundo entre el fútbol y las asociaciones para encontrar un punto medio. En cualquier caso, no solo los clubes y la liga deben abordar la discriminación. El problema existe en el fútbol, pero no se origina en el deporte en sí. Es mucho más amplio. La solución no vendrá únicamente del fútbol ni del deporte, aunque sea una herramienta en la lucha contra ella.