El presidente Ahmed al-Sharaa ha logrado avances significativos en sus esfuerzos por unificar una Siria profundamente fracturada, recuperando amplias franjas de territorio en el noreste que habían estado bajo el control de una alianza de milicias lideradas por los kurdos durante más de una década. Lo que ocurra a continuación será una prueba para un gobierno que ha intentado imponer su autoridad sobre todo el país.
Los avances de las fuerzas gubernamentales en una ofensiva relámpago contra las Fuerzas Democráticas Sirias (FDS) marcaron el mayor cambio de control en Siria desde que los rebeldes islamistas derrocaron a Bashar al-Assad en diciembre de 2024, poniendo fin a 13 años de guerra civil. Antes del avance de este mes, casi un tercio del territorio sirio estaba controlado por los kurdos, quienes contaban con el apoyo estadounidense tras ayudar a una coalición liderada por Estados Unidos a derrotar al grupo yihadista Estado Islámico (EI) en la última década. Allí, controlaban un enclave con su propio gobierno e instituciones, siendo las FDS su brazo armado.
EPALa ofensiva se produjo en medio de conversaciones estancadas entre el gobierno de Sharaa y las FDS sobre la cuestión clave de integrar sus fuerzas en las instituciones del país. Se firmó un acuerdo en marzo pasado, pero el plazo de fin de año expiró con poco progreso, ya que las FDS se mantuvieron reacias a renunciar a su autonomía. La alianza de milicias, dicen los analistas, calculó mal en sus negociaciones con el gobierno, al parecer creyendo que tendría el respaldo de su aliado de toda la vida
Pero Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha apoyado firmemente a Sharaa, quien ha defendido su visión de una Siria unida bajo el control de Damasco. Trump recibió en la Casa Blanca el año pasado a Sharaa, quien fue tildado de terrorista por Estados Unidos debido a sus antiguos vínculos con Al Qaeda, y levantó las devastadoras sanciones impuestas a Siria durante el gobierno de Asad. Cuando las fuerzas de Sharaa iniciaron su ofensiva, Estados Unidos no mostró objeción alguna.
AFP
EPADesde que llegó al poder tras la caída del régimen de Asad, Sharaa ha prometido repetidamente proteger a las minorías sirias. Sin embargo, el país ha sufrido mortíferos episodios de violencia sectaria. El año pasado, las fuerzas gubernamentales fueron acusadas de atrocidades tras ser enviadas a la costa mediterránea, el corazón de la secta alauita de Asad, y a la provincia sureña de Suweida, de mayoría drusa. Los kurdos temen que les suceda lo mismo, a pesar de las renovadas garantías ofrecidas por Sharaa.
Para los kurdos, las pérdidas suponen un golpe fatal a sus aspiraciones de preservar su autonomía, y la postura estadounidense se considera una traición. Tom Barrack, enviado especial de EE. UU., afirmó que el propósito original de la colaboración con las FDS, como principal fuerza anti-EI en Siria, prácticamente había expirado, y que la mayor oportunidad para los kurdos en Siria residía en la transición bajo la Sharaa, cuyo gobierno es visto por los países occidentales como la mejor opción para garantizar la estabilidad de Siria.
Los drásticos cambios fortalecen a Sharaa, pero es probable que reaviven los llamados a descentralizar la autoridad, pues sus críticos afirman que los puestos clave se han limitado a sus aliados. También podrían indicar lo que planea hacer en otras zonas del país, incluidas las ocupadas por los drusos, quienes exigen autonomía.
